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El Acoso Moral en el Trabajo
Tan antiguo como el trabajo, el acoso moral –o
mobbing– continúa actualmente existiendo entre nosotros, habiéndose
intensificado en su gravedad.
Definido como el establecimiento de
comunicaciones no éticas, generalmente entre un superior perverso y su
subordinado, el mobbing, término derivado de mob (horda, plebe), se
caracteriza por la repetición de comportamientos hostiles, técnicas de
desestabilización e intrigas contra un(a) trabajador(a) que desarrolla
como reacción graves problemas psicológicos duraderos. Es un proceso
destructivo sutil, que puede llevar a la discapacidad permanente, como
así también a la muerte de la víctima.
Una persona trata de humillar a otra para
fortalecer su autoestima y demostrar poder. Restringe a la víctima de la
posibilidad de hablar, aísla a la misma de sus colegas, no considera sus
opiniones, no le asigna tareas, critica permanentemente, establece el
terror telefónico, ataca creencias religiosas y políticas, grita,
insulta, habla “a espaldas”, difunde rumores y comentarios injuriosos.
Estas son algunas de las prácticas puestas en marcha por la jefatura que
abusa del poder y realiza una manipulación perversa, muchas veces con el
consentimiento de la empresa. Esta desconoce que la jefatura, además de
ser peligrosa para la víctima, es peligrosa para todo el grupo.
En un comienzo es algo inofensivo y el(la)
trabajador(a) agredido(a) no quiere mostrarse ofendido(a), tomando todo
en broma. Con la permanencia de este cuadro y la repetición de las
agresiones, la víctima es acorralada y sometida a una situación
degradante, y cuando protesta es llamada “paranoica”. Los compañeros de
trabajo permanecen complacientes y no hacen nada por miedo a ser los
siguientes, lo cual crea un “pacto de tolerancia y silencio”.
La agresión tiende a desencadenar ansiedad, y la
víctima se coloca en actitud defensiva (hiper vigilancia) por tener una
permanente sensación de amenaza, surgiendo sentimientos de fracaso,
impotencia y baja autoestima. El(la) trabajador(a) queda
desestabilizado(a), ridiculizado(a), debilitado(a) y estigmatizado(a),
siendo considerado(a) como una persona de “difícil convivencia”, “mal
carácter” y “loco”(a).
La víctima que continúa trabajando es
responsabilizada por la caída de la producción y por la falta de calidad
del producto producido o del servicio prestado. Por presentar depresión
reactiva, disturbios del sueño, mareos, pérdida de la concentración,
irritación, y por contar con escasa información sobre sus tareas, está
más propenso a sufrir accidentes de trabajo, siendo muchas veces
responsabilizado(a) por los mismos.
Las empresas pierden tanto en los costos
tangibles (pérdida de la eficiencia, ausentismo, reclutamiento y
selección, litigios en la justicia, aumento de accidentes y enfermedades
de trabajo), como en los costos intangibles, (reputación de la empresa,
relaciones con la sociedad y sabotaje).
La sociedad en general pierde por causa de los
gastos previsionales, debido a las discapacidades para el trabajo. Vale
destacar que el sufrimiento del(de la) trabajador(a) es reconocido como
enfermedad del trabajo por la legislación brasileña.
Como respuesta al cuadro descrito, es
recomendable realizar un buen análisis. Es decir, si existe realmente la
amenaza (regular y por largo período de tiempo) de la dignidad y/o la
integridad física o psíquica como consecuencia de un comportamiento
hostil por parte de una o varias personas, se puede pensar en acoso
moral, mobbing , bullying o harcelement.
El(la) trabajador(a) debe reaccionar lo más
pronto posible y realizar la denuncia, buscando ayuda dentro de la
empresa en Recursos Humanos o externamente en su sindicato.
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